un regalo, un encuentro, una ilusión
atrapábamos un café caliente
mientras los espejos envidiosos
observaban nuestras miradas de pastel, mantequilla y miel
Subíamos sobre paisajes
bebiendo la niebla de algodón
oíamos el susurro tibio de las montañas
adormecidas con el calor del sol
la mecedora del tren, las vías del reloj de la vida
Callejuelas de ternura de la señora Orduña
abrazaban nuestros pasos
hacía el agua que nos esperaba
silenciosa, sugerente, erótica
Empeñada en mojarnos con sus chorros de libertad, ensueño y paz...
Una espuma cantarina envuelta en vapor
conquistaba la amistad majestuosa
que respiraba una sirena de belleza infinita
la que unía nuestro camino y...
todo queda en el entrañable recuerdo
una crema de alubias con hojaldre crujiente
sobre el brindis del momento
sorbete, chocolote y un café en la terraza del atardecer
despidiéndose una noche de luna sonriente
Cubierta por el horizonte de belleza verde, azul y mar

